Juventud e Inteligencia Emocional

Cómo motivar a los jóvenes: Influir vs. Aconsejar

Cómo motivar a los jóvenes: Influir vs. Aconsejar
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Juventud e Inteligencia EmocionalEs verdad que lo que hoy denominamos genéricamente “juventud” tiene un significado distinto al que tenía hace décadas. Por un lado existe cierto rechazo a estudiar y trabajar, que es lo que en España se denomina generación “ni-ni” (ni estudia ni trabaja), a lo que se une un gran problema de empleo juvenil e inserción laboral, y por otro lado existe el problema de la relación con la familia, con la participación política y sobre todo con su propia visión de sí mismos y la autoestima. Podríamos pensar que actualmente se está produciendo un divorcio cultural con los valores de identidad clásicos: la familia, el trabajo, la religión, etc. Los nuevos signos de identidad de la juventud pasan por otros conceptos como: las redes sociales, las aficiones, las tendencias de moda…

En mi opinión lo que se ha producido es un conflicto de valores bastante complejo, relacionado con esta época que nos ha tocado vivir, entre los valores clásicos y otros nuevos surgidos del desarrollo científico y técnico y de los grandes cambios sociales acaecidos en el mundo, que han afectado principalmente a los colectivos más vulnerables como, por ejemplo, son los jóvenes.

Teniendo en cuenta que hoy en día, y en general, los jóvenes ya no tienen el temor, incluso reverencial, que existía antaño por las figuras de los padres, y mucho menos por cualquier otro familiar cercano, cabría preguntarse acerca de cuál es actualmente la mejor manera de motivación para unas personas que cada vez están más cerca de la edad adulta. Haciendo memoria he recordado que en mi infancia se utilizaban los consejos, principalmente por parte de padres y abuelos, pero también es verdad que éstos tenían el valor y el prestigio que le confería el ejemplo que ellos mismos daban con su comportamiento.

No cabe duda de que en estos tiempos en que vivimos se hace mucho más difícil la educación y la motivación de los jóvenes. La mayoría de los problemas de los jóvenes son complejos y, por lo tanto, sólo con consejos no llegaremos al meollo del asunto, además de que lo probable es que lo que digas ya lo hayan pensado ellos. Por ejemplo, las advertencias sobre la salud y el estilo de vida están muy repetidas y extendidas, y las razones por la que los jóvenes fuman y beben tienen poco o nada que ver con la poca o mucha información sobre el tema. Igualmente, cuando aconsejamos podemos correr el riesgo de sentirnos sabios o grandes conocedores de la materia, cuando lo más seguro es que no lo seamos y nuestro consejo sea realmente inútil. Por otra parte, cuando damos consejos estamos acudiendo a nuestra experiencia en la vida, sin tener en cuenta que ese joven (por supuesto siempre uso el género neutro) es una persona diferente, con otros sentimientos y otra forma de pensar, en la que problemente no encajen las conclusiones de nuestra experiencia. Como decía la escritora francesa Anaïs Nin:

“No vemos las cosas tal y como son, las vemos tal como somos”

Así que, llegados a este punto, opino que lo que mejor podemos hacer hoy por los jóvenes no es aconsejarles, sino influir en ellos. Cuando digo “influir” no me refiero a forzarles a que asimilen nuestro punto de vista, insistiendo de manera cansina hasta que acepten nuestra opinión, ni negociar con ellos, ni debatir, ni aceptar otro punto de vista a sabiendas que moralmente está equivocado. Me refiero a relacionarnos con ellos utilizando la inteligencia emocional, que es como decir “manejando hábilmente las emociones”, y con el objetivo básico de que luego ellos adquieran esas mismas habilidades sociales para utilizarlas en su vida. Habilidades relacionadas con reconocer las emociones en otras personas y saber reaccionar de manera adecuada. El legado a nuestros hijos debe estar constituido por un paquete de principios y valores que les sirva de referencia, pero también de un compendio de habilidades sociales que les permitan conocer, entenderse y relacionarse con las demás personas.

Gracias.
José Ramón García

QuiereteMilVecesMas.com

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Coach Personal, Formador en habilidades directivas.

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5 comentarios
  1. felicia inga
    felicia inga Dice:

    hola José Ramón:
    Tengo un hijo de 26 años que cuando era niño y adolescente era bueno en todo pero cuando tuvo los 22 empezó a cambiar empieza a estudiar algo y lo deja tiene problemas con la tardanza para toda actividad trabajo, estudio, alimentación y duerme mucho si le aconsejo se molesta le he tratado de llevar al psicólogo pero se niega. gracias por la ayuda que me pueda dar.

    Responder
    • José Ramón García
      José Ramón García Dice:

      Estimada Felicia:

      Gracias por participar en el blog.
      Es justamente la visita al psicólogo lo que yo te recomendaría, pero si tu hijo no quiere, no quiere. Aun así, ¿te has planteado visitar al psicólogo, aunque sea sin tu hijo? Le podrías contar al psicólogo lo que le ocurre a tu hijo y éste a su vez te haría determinadas preguntas clave para determinar más exactamente la situación. Las recomendaciones del profesional te darían herramientas para intentar ayudar a tu hijo.

      Además del psicólogo veo otra alternativa, pero que requiere humildad y aprendizaje por tu parte. Me explico, humildad para reconocer que quizás el hecho de que tu hijo no quiera compartir contigo lo que le ocurre se puede deber a que te falta un poco más de preparación en comunicación empática, si es así, la buena noticia es que se puede aprender.

      Para muchos padres la comunicación profunda con sus hijos no resulta tan fácil, las razones son variadas, alguna de ellas tiene que ver con que los hijos temen defraudar a sus padres y no “dar la talla”. Ocurre también que los adultos, por el mero hecho de serlo pensamos de forma inconsciente que tenemos la experiencia y las respuestas a todo y esto nos hace olvidar la primera norma de la comunicación, entre padres e hijos también aplica, que explicó de una forma brillante y clara Stephen R. Covey en su archi famoso “Los 7 hábitos de la gente altamente efectiva”, me refiero al quinto hábito “Procure primero comprender, y después ser comprendido”. Escribí un artículo sobre este tema.

      Así que, Felicia, mi segunda recomendación sería que intentes comprender a tu hijo. Para ello te recomiendo la lectura del libro mencionado, es más, te recomiendo que leas directamente el capítulo que habla de ese Quinto Hábito. Estoy seguro de que lograrás avanzar muchísimo en tu relación con tu hijo.

      Espero haberte aportado algo de valor y utilidad.

      Un abrazo,
      José Ramón

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  2. maria eugenia suarez miranda
    maria eugenia suarez miranda Dice:

    hola Jose Ramon me gusto tu publicacion que bueno que te precupes por los jovenes de ahora y la forma de como educar por que cada ves es mas dificel que los jovenes de ahora termine una carrera que tenga un trabalo o un porvenir ya no piesa yo no se que esta pasando. bueno voy lo sigente te quero dar las gracias mil gracias por que Recivi el video ya vi las fotos que imagenes mas mas hermosas mi hijo los vio le encanto y tanbien quiero pedirte una disculpa por valta de autogravia por que cres que yo no fui ala escuela y no por que no quise si no por no avia escuela en mi pueblo pero le ago la lucha otra ves gracias que dios vendiga y un abrazo y muchas felicidades por ese don que dios te dio para que nos ayudes

    Responder
    • QuiereteMilVecesMas
      QuiereteMilVecesMas Dice:

      Estimada María Eugenia:

      Siempre es un gusto saber de ti. Muchas gracias por tus palabras. Estoy de acuerdo con lo que dices de los jóvenes. Creo que es un problema común en todo el mundo. En mi opinión, uno de los factores que influyen en la gran desorientación de los jóvenes de hoy en día, es la ausencia de principios y la tenencia de valores con poder. En cierto modo les falta una referencia clara que les sirva de faro para guiarles. También es verdad que la herencia de mundo que los adultos le dejamos no da para mucho más. Aún así, creo que la solución pasa por la educación, la guía y “el ejemplo” de los padres. El escucharles mucho y hacerles ver que nunca está nada perdido, que una puerta se cierra pero se abre otra. Eso y… ¡mucho amor! como el que se ve que sientes por tu hijo.

      No hace falta que te disculpes, te entiendo perfectamente.
      Dale un saludo a tu hijo y para ti también un abrazo grande y que Dios te bendiga también.
      José Ramón

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